Darkness in El Dorado - Archived Document
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Internet Source: Instituto Venezolano de Investigaciones Cientificas
Source URL: http://www.ivic.ve/ivicspan/darknese.html


Comentarios Sobre El Libro &Quot;Darkness In El Dorado&Quot;

Egidio Romano MD, Ph.D.
Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC)
Director

Profesor Lamphere, Presidente de la reunión, aprecio mucho su amabilidad en permitirnos expresar algunas palabras en defensa de científicos del IVIC.

Permítanme comenzar por decir que no me aventuro a expresar opinión en relación con las controversiales discusiones antropológicas que surgen del libro de Tierney, por lo que me referiré exclusivamente a algunos aspectos de tipo médico.

¿Eran los Yanomami una población malnutrida e inmunodeprimida para el año 1968? En 1959 Roche señala que, aunque de menor estatura y peso que sus vecinos los Makiritare, estaban bien alimentados. Señala que su alimentación estaba basada en casabe, pescado y cualquier animal que ocasionalmente pudieran cazar. Nuevamente, en 1968, Roche declara, refiriéndose a los Yanomami que vivían en el área de los ríos Mavaca y Ocamo, que las condiciones de vida de los indígenas habían cambiado, aún cuando seguían siendo muy primitivos. Ya no vivían en sus chozas características sino en viviendas cerradas. Ocasionalmente recibían alimentos de las misiones. Aparentemente se encontraban en buenas condiciones clínicas de nutrición, de poco tamaño, varones de 1,57 m y 52 Kg., hembras de 1,44 m y 45 Kg. en promedio, por lo que la relación estatura peso parece estar dentro de lo normal. El Dr. Llambí hizo observaciones similares cuando completaba el trabajo de campo para su tesis, realizado entre los Yanomami durante los años 1967/1968. En consecuencia, considero equivocado señalar que la desnutrición fue la causa de una inmunodepresión en los Yanomami, que aún no ha sido comprobada. Es probable que mas adelante, en los años 1980 y 1990, haya habido una disminución en el consumo de proteínas debido a la reducción del número de animales de caza, producto del cambio en sus costumbres de vida al pasar de semi-nómadas a sedentarios, estableciéndose de manera permanente en asentamientos alrededor de las misiones, siendo esta última situación la encontrada por Tierney. He sido informado que existen estudios mas recientes, de finales de los ochenta y principio de los noventa, realizados por R. Holmes, que indican que los Yanomami presentaban desnutrición por baja ingesta de proteínas. También existen estudios del grupo de Yarzabal realizados en los años ochenta, que demuestran una respuesta inmunocelular diferente contra el parásito oncocerca, y otros estudios realizados por Botto que indican una mayor incidencia de crecimiento del bazo en Yanomamis afectados con malaria.

Ahora me referiré a algunos estudios médicos realizados entre los Yanomamis en los años sesenta. Sólo me referiré a estudios realizados por investigadores del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, IVIC, y principalmente al trabajo de Marcel Roche. El Dr. Roche fue propulsor de la creación del IVIC sobre las bases de una institución predecesora fundada por Humberto Fernández Morán, dedicada principalmente a las neurociencias. El principal interés del Dr. Roche eran las hormonas tiroideas y el metabolismo del yodo. Posteriormente me referiré a estos estudios. Además de él, había un grupo de investigadores estudiando los indígenas venezolanos. Cruxent, Wagner, Arvelo y otros del Departamento de Antropología, y M. Layrisse, Z. Layrisse, Martínez Torres, Hurtado y Arends, Gallango y otros del Departamento de Medicina Experimental. Yo era para ese entonces estudiante graduado de ese Departamento. James Neel y N. Chagnon eran investigadores asociados a nuestro laboratorio de fisiopatología. Esta asociación comenzó en 1966 y su principal propósito era realizar un estudio genético amplio de la población, incluyendo parámetros hematológicos, frecuencia y tipos de antígenos y anticuerpos de tipo sanguíneo, hemoglobinas anormales, marcadores proteínas séricas como transferrina, haptoglobinas, inmunoglobinas, lipoproteinas, entre otros. Los resultados fueron comparados con los de otros estudios similares realizados en otras poblaciones y conclusiones genéticas, por ejemplo, frecuencia de mutaciones, fueron derivadas. ¿ Puede ser todo esto la base para aseverar que los Yanomami fueron un grupo de control para los sobrevivientes de la bomba atómica? Los investigadores venezolanos también tenían otros intereses específicos. Por ejemplo: Layrisse en grupos sanguíneos y anemia nutricional y anquilostomiásica; Arends en hemoglobinas anormales, Roche en deficiencia de yodo y bocio, Z. Layrisse, Gallango, Hurtado y otros, en inmunología. Hubo muchos otros investigadores venezolanos y norteamericanos que no voy a mencionar para no extenderme demasiado, que colaboraron en los estudios.

Ahora bien, ¿Cuál es uno de los grandes crímenes contra el pueblo Yanomami que el Sr. Tierney denuncia? Que las muestras de sangre al igual que de saliva y de heces se tomaron sin la obtención previa de un consentimiento informado y que las investigaciones en general se realizaron sin aprobación previa de una comisión de ética. Esto puede ser cierto. No estoy seguro. Pero ¿Fue esto un crimen? Ciertamente yo lamento que durante muchos años, desafortunadamente, muchos proyectos de investigación médica se llevaron a cabo sin acogerse a los preceptos éticos imperantes hoy en día, pero hace 30 o 40 años no era costumbre ni obligatorio la revisión por Comisiones de Etica. Sin querer con esto justificar lo ocurrido en el pasado, les invito a visualizar el tipo de investigación médica en el que muestras de sangre, saliva y heces se toman con el consentimiento del individuo pero probablemente sin su correcta comprensión del propósito de la investigación. Veamoslo desde la perspectiva que corresponde a treinta o cuarenta años atrás. ¿ Era acaso diferente en los Estados Unidos o en Europa, donde aún en los ochenta, en muchos de sus países había muy poco en cuanto a legislación que impusiera reglas obligatorias a seguir en la realización de investigaciones médicas? Podemos lamentar lo ocurrido en el pasado. Hoy en día, afortunadamente las normas éticas que rigen la investigación médica son mucho mas adecuadas.

En este punto, con el propósito específico de realizar investigaciones de cualquier tipo en poblaciones y regiones especiales como las indígenas, también es pertinente preguntarnos quién debería ser el encargado y cómo debería realizarse el proceso de otorgamiento de los permisos necesarios para llevarlas a cabo. Estos procesos requieren ciertamente la opinión de expertos calificados en la materia, y no la de personas dogmáticas y anticientíficas.

Ahora permítanme referirme muy suscintamente a la investigación realizada por Marcel Roche. El Dr. Roche es un médico venezolano con estudios de postgrado en la “Harvard Medical School en Boston”. Junto a otro distinguido médico venezolano, Francisco de Venanzi, fundaron en 1952 un laboratorio que por primera vez en Venezuela estaba equipado para realizar radioanálisis. Comenzaron por estudiar el consumo de yodo de la glándula tiroides. En 1954, con el apoyo financiero de su padre, un acaudalado constructor, Roche y sus colegas iniciaron un instituto de investigación médica. Las principales líneas de investigación fueron la anemia por desnutrición, el bocio endémico, la diábetes y enfermedades parasitarias. Así es que el Dr. Roche y sus colegas fueron quienes por primera vez utilizaron radioisotopos con fines médicos en Venezuela. Usaron específicamente 51Cr para estudiar la supervivencia de glóbulos rojos, 55Fe y 59Fe para estudiar la anemia por deficiencia de hierro 131I para el bocio endémico. Siguiendo los importantes estudios de Skanse en Boston y de Stanbury en Mendoza en los Andes Argentínos, el Dr. Roche decidió estudiar la deficiencia de yodo, la causa mas común de bocio endémico en Venezuela. Primeramente, estudió la absorción de yodo radioactivo en la población normal, eutiroidea, de Caracas, y en 1954/1955 condujo un amplio estudio en los Andes Venezolanos donde había muchos pueblos en los que el bocio era la regla y no la excepción, por ejemplo en Bailadores la incidencia del bocio era de 84.5% en adultos y 83% en niños. El Dr. Roche continuó con el estudio del metabolismo del yodo en otras regiones de Venezuela. Debido a lo remoto y lo aislado de la región amazónica, era lógico realizar estudios similares entre sus indígenas. En 1959, realizó un primer estudio entre las tribus Maquiritare y Guajaribo (Saname Yanomami) del Alto Ventuari. Descubrió una alta absorción de yodo sin manifestaciones de bocio clínico. Continuando con su estudio, dos años mas tarde examinó la excreción por vía urinaria de yodo estable y el contenido de yodo en el agua que usaban para beber, confirmando deficiencia de yodo sin bocio asociado lo que sugería que aún cuando la deficiencia de yodo es necesaria para que se produzca el bocio, podía ser necesario la presencia de otros factores. Se encontró muy poco yodo en el agua de los ríos. Este estudio se extendió hasta la región del río Mavaca obteniendose los mismos resultados. En el año 1968, como parte de la misma expedición en la que Neel, Chagnon y Lizot participaron, el Dr. Roche extendió su estudio de absorción y excreción de yodo a los Yanomami de la región de Ocamo. En todos estos estudios utilizó de 5 a 30 microcuries para determinar la absorción de yodo y en algunos casos 100 microcuries para estudios cinéticos.

Habiendo dicho todo esto, me gustaría enfatizar algunos aspectos. En primer lugar, la deficiencia de yodo y el hipotiroidismo que conlleva el cretinismo es una una muy seria enfermedad en niños. En el pasado reciente se ha informado que uno de cada cuatro niños en los Andes Venezolanos presentaron un grado variable de cretinismo. Aun hoy en día, habiéndose reforzado con yodo la sal para el consumo humano, es común encontrar cretinismo y bocio. En segundo lugar, fueron precisamente los estudios del Dr. Roche los que ayudaron a establecer un programa nacional para la prevención del bocio mediante el suplemento de yodo en la sal de mesa. Similarmente, los estudios del Dr. M. Layrisse sobre absorción de hierro de alimentos utilizando hierro radioactivo ayudó a establecer un programa nacional de suplemento de hierro para evitar anemia por deficiencia de hierro. En tercer lugar, estudios similares se realizaron en esos mismos años por muchos investigadores, utilizando la misma metodología en muchos otros países. Por ejemplo, estudios de este tipo se llevaron a cabo en los Estados Unidos, Argentina, Italia, Finlandia, Holanda, Yugoeslavia, Taiwan, India, Filipinas, y República del Congo, sólo para mencionar los mas importantes. Ahora se dice que los estudios no fueron éticos porque violaron el principio del Consentimiento Informado y porque no beneficiaban al paciente. Agradezco que vean esto desde la perspectiva de los años sesenta. El conocimiento que derivó de estos estudios fue y aún sigue siendo importante. Demuestra precisamente, al contrario de lo que se dice sobre la falta de importancia del mismo porque los Yanomami no sufren de bocio, que es de gran valor ya que sugiere la posibilidad de hipotiroidismo en ausencia de bocio, lo que hoy en día aún debe determinarse para esa población. En los años sesenta no existían las pruebas inmunológicas para determinar las hormonas tiroideas T3, T4, Tiroglobulina y TSH (Thyroid Stimulating Hormone), y otros medios disponibles hoy en día para estudiar la función tiroidea. ¿Fue entonces criminal el uso de yodo radioactivo? ¿Es correcto decir que los Yanomami fueron utilizados como cochinillos de indias tal como declaró el Sr. Tierney para un periódico venezolano? ¿Es razón suficiente para sembrar dudas respecto a la honorabilidad de un hombre bueno, humanitario, al sugerir que pudo estar involucrado en experimentos contrarios a la ética, utilizando radioisotopos en humanos con el simple objeto de observar sus efectos en el cuerpo? Dejo a esta audiencia las respuestas. El 11 de noviembre el Sr. Tierney salió en uno de los principales diarios venezolanos declarando que ...”Los Yanomami fueron usados como un grupo de control de la bomba atómica”....dejo a su imaginación lo engañosa que esa declaración puede resultar para la opinión pública.

Para finalizar esta breve charla, me voy a referir al aspecto que en mi opinión es el mas complicado: la epidemia de sarampión. Yo presumo que la mayoría de ustedes ya están en conocimiento de la interpretación que el Sr. Tierney tiene sobre este evento. En resúmen, el asevera que: 1. La vacuna Edsmonton B no era buena, especialmente para los Yanomami, y que ha debido ser administrada con inmunoglobulinas específicas antisarampión. 2. Que fue administrada sin autorización de las autoridades sanitarias de Venezuela. 3. Que la epidemia se extendió justamente por la ruta que siguió el grupo del Dr. Neel. 4. Que no se impuso una cuarentena por lo que la enfermedad se propagó con rapidez. 5. El Sr. Tierney duda sobre la posibilidad de que la enfermedad haya sido importada por visitantes brasileños. Como consecuencia, el Sr. Tierney sugiere que la epidemia de sarampión pudo haber sido causada por la propia vacuna y da a entender que Neel, Chagnon y Roche fueron responsables de la muerte de cientos o miles de Yanomami. Me gustaría manifestar mis puntos de vista con respecto a esto. Primeramente, durante noviembre y diciembre de 1967, había un brote de sarampión en asentamientos yanomami cercanos en el lado brasileño. Muy importante también, según lo manifiesta una de nuestras investigadoras, la Dra. Nelly Arverlo quién se encuentra presente en esta reunión, ella viajó a la región del Alto Ventuari en el Amazonas un día después que Neel, Chagnon, Roche y Lizot llegaran a La Esmeralda. Un avión de la Fuerzo Aérea dejó a la Dra. Arvelo en una región Yekuana que colinda por el norte con una región Yanomami, y al subir por el Alto Ventuari se encontró con algunos Piaroas y Yekuanas que venían de poblados aguas arriba sufriendo ya de sarampión y que se dirigían al asentamiento Kamani en busca de ayuda médica. Este testimonio demuestra claramente que para el 22, 23 de enero de 1968, había una epidemia en curso en esa región. También existen varios testimonios escritos por Jaques Lizot en los que se manifiesta que ya había sarampión cuando ellos llegaron. Por lo tanto, la vacuna contra el sarampión estaba correctamente indicada desde el punto de vista médico. ¿Era la cepa Edsmonton B una buena vacuna? No me corresponde a mí aclararlo, sin embargo, para esa época se utilizaba de manera corriente en todo el mundo. El Sr. Tierney dice que ese mismo año de 1968 se utilizó en Venezuela la vacuna Schwarz, una forma mas atenuada. Esto no corresponde con la información que me fue suministrada. Funcionarios de la Dirección de Epidemiología me dijeron que en 1968, después de una corta prueba en 1967, la vacuna Edmonston fue administrada en niños de edades entre 9 años y 35 meses. Se usó en forma diluída en una proporción de 1 a 3 en razón de que era muy costosa y de esta forma se podían vacunar mas niños, procedimiento este que ya había sido utilizado en otras partes fuera del país. Debo decir que los funcionarios manifestaron no estar seguros si lo que se usó fue la cepa original Edmonston B o si fue un derivado atenuado, pero la información que se tiene es que fue Edmonston. En 1972 hubo en Venezuela una epidemia de sarampión de grandes dimensiones por lo que en 1973 una campaña de vacunación general se llevó a cabo aunque tampoco se tiene información si la vacuna utilizada en esa oportunidad fue la Edmonston B o una mas atenuada. ¿Por qué se utilizó la vacuna Edmonston B? Simplemente porque fue la vacuna donada a Neel por los Laboratorios Roxane y Lederle? ¿Fue utilizada con o sin permiso de las autoridades sanitarias venezolanas? El Sr. Tierney cita a la Dra. Adelfa Betancourt diciendo que los permisos nunca se solicitaron. Recientemente, muchos de nosotros preguntamos a funcionarios del Ministerio de Sanidad sobre este punto y la respuesta obtenida fue que ellos aún no han podido localizar la información. Lo que sí consta es que empleados de Sanidad venezolanos intervinieron en la aplicación de las vacunas. El Sr. Tierney dice que en una entrevista con Roche en 1996, éste no recordaba haber diagnosticado sarampión a un brasileño que según Neel fue el posible iniciador de la epidemia. Este argumento es muy débil. Roche ya se encontraba enfermo en 1996. Actualmente está en una fase avanzada de Alzheimer, por lo que el hecho de que recuerde o no este hecho es irrelevante. En todo caso, hubo varios posibles contactos con personas convalescientes o portadoras del virus del sarampión que visitaron las poblaciones Yanomamis. El argumento de que la epidemia siguió la ruta de Neel no es un buen argumento para sugerir que la epidemia fue causada por la vacunación. Neel y sus colaboradores cuentan otra versión de los hechos en un artículo publicado en el “American Journal of Epidemiology” vol. 91, 418, 1970. Narran que trataron de adelantarse al avance de la enfermedad vacunando a la población antes de que hubiera contacto. Evidentemente no tuvieron mucho éxito.

El Sr. Tierney da a entender que la vacuna Edmonston B era contagiosa y por lo tanto originó o agravó la epidemia de sarampión. Encuentro esta idéa difícil de probar. En opinión del Dr. William Bellini, experto en sarampión del CDC en Atlanta, esto es muy improbable. Cito al Dr. Bellini....”Aún cuando se sabía que la vacuna Edmonston B contra el sarampión era reactogénica, nunca se demostró que fuese transmisible de persona a persona. ¿Qué evidencia existe de que estos amerindios son o fueron individuos inmunocomprometidos? No estoy en conocimiento de la misma. La vacuna Edmoston B, en mi opinión, no pudo haber causado la epidemia...” Fin de la cita. En todo esto, el Sr. Tierney podría tener razón en un punto. Los Yanomami reaccionaron de forma mucho mas fuerte a la vacuna en términos de fiebre y complicaciones respiratorias que los caucásicos u otros indígenas. Aún así, de acuerdo con la información de Neel, la mortalidad entre los Yanomami vacunados fue de aproximadamente 8% mientras que entre los no vacunados fue de 15 a 20%. ¿Qué tuvo que ver Roche en la aparición de la epidemia? Solo ayudar; su proyecto estaba relacionado con el metabolismo del yodo y esto lo comprueba el hecho de que no fue coautor del trabajo de Neel y sus colegas referente a la vacuna contra el sarampión.

Para finalizar, me gustaría pedir a todos ustedes que traten de evaluar los sucesos de hace cuarenta años bajo los preceptos éticos imperantes para esa época. En Venezuela, hemos tomado ya los pasos que nos garanticen una investigación ética.

Muchas gracias por su atención.

Egidio Romano MD, Ph.D.
eromano@ivic.ve
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